viernes, junio 29, 2007

Ciclo de cine independiente en la Alianza Francesa

CICLO EL INDEPENDIENTE - CICLO PERMANENTE DE CINE INDEPENDIENTE ARGENTINO

Del lunes 2 al viernes 6 de julio La Alianza Francesa realiza un ciclo para festejar los 10 años del ciclo El independiente, presentado por la revista Haciendo Cine.

Auditorio de la Alianza Francesa, Córdoba 946, Capital Federal
ENTRADA GRATUITA, las entradas se retiran desde las 19.30 hs


Una vez completa la capacidad de la sala no se admitirán más espectadores
+ info en www.haciendocine.com.ar





Lunes 2
- 19.30 hs: Buenos Aires Viceversa
Dir. Alejandro Agresti (122 mn)
- 22 hs: Labios de Churrasco
Dir. Raúl Perrone (62 mn)

Martes 3
- 19.30 hs: Rapado
Dir. Martín Rejtman (75 mn)
- 21.30 hs: Mundo Grúa
Dir. Pablo Trapero (82mn)

Miercoles 4
- 19.30 hs: Pizza Birra Faso
Dir. Adrián Caetano y Stagnaro (80 mn)
- 21.30 hs: La Ciénaga
Dir. Lucrecia Martel (102 mn)

Jueves 5
- 19.30 hs: El Abrazo Partido
Dir. Daniel Burman (99 mn)
- 21.30 hs: Nadar Solo
Dir. Ezequiel Acuña (102 mn)

Viernes 6
- 19.30 hs: Caja Negra
Dir. Ortega (81 mn)
- 21.30 hs: Tan de repente
Dir. Diego Lerman (90 mn)





LOS REFERENTES

Buenos Aires Viceversa
Dir. Alejandro Agresti 122 minutos, Color

Jóvenes desorientados, dos de ellos son hijos de padres desaparecidos
en la última dictadura, entrelazan sus vidas con adultos llevando la
acción a un final tan dramático como simbólico del pasado reciente,
cuyos efectos perduran en pensamientos y acciones de los
protagonistas.

Labios de Churrasco
Dir. Raúl Perrone 62 minutos, Blanco & Negro

Tres muchachos hijos del suburbio, de la calle y de la depresión
económica, deambulan por un micro mundo donde la delincuencia, la
incomprensión y la soledad son permanentes compañeros.

Rapado
Dir. Martín Rejtman 75 minutos, Color, Sólo apta para mayores de 13

Un joven veinteañero, al que le roban su motocicleta, a su vez se
apodera de un vehículo similar en vez de hacer la correspondiente
denuncia. Es esta trama el énfasis aparece como lo prohibido
inclinándose por la sutileza descriptiva monocorde y aséptica.

EL BOOM

Mundo Grúa
Dir. Pablo Trapero 82 minutos, Blanco & Negro, Apta para todo público

Rulo, un operador de grúas de cincuenta años, carga con dignidad el
peso de una vida con demasiados sinsabores y algunos fugaces momentos
de gloria. Hoy, divorciado y con un patético pero querible hijo
adolescente a su cargo, trata de sostener su miserable departamento y
luchar contra la amenaza del desempleo.

Pizza Birra Faso
Dir. Adrián Caetano y Stagnaro 80 minutos, Color, Sólo apta para
mayores de 16

El Cordobés vive con sus tres amigos y su mujer embarazada, Sandra,
en la misma casa. Esta banda de adolescentes marginales pulula por
Buenos Aires viviendo del robo pero siempre dependen de alguien que
los emplea y les quita la mayor parte del botín. La filosofía de vida
del Cordobés y los suyos parece ser que mientras no falten la pizza,
cerveza y cigarrillos, todo es soportable.

La Ciénaga
Lucrecia Martel 102 minutos, Color, Prohibida para menores de 13

Dos familias -una de clase media urbana y otra de productores rurales
en decadencia- se entrecruzan en el sopor provinciano de una Salta
caótica e inmutable, donde nada sucede pero todo está a punto de
estallar.

El Abrazo Partido
Daniel Burman 99 minutos, Color

Un joven judío trabaja junto a su madre en una mercería de una
galería de Once y está iniciando los trámites para conseguir la
ciudadanía polaca e irse a vivir a Europa. Esta película cuenta su
historia, la de los diversos personajes que habitan la galería, y la
de su padre, que hace varios años se fue a luchar en la Guerra de Yom
Kippur, y que ahora vuelve a reencontrarse con su hijo.

UNA NUEVA GENERACION

Nadar Solo
Dir. Ezequiel Acuña 102 minutos, Color, Apta para todo público

Un chico de diecisiete años viaja a Mar del Plata para buscar a su
hermano mayor.

Caja Negra
Dir. Ortega 81 minutos, Color

Cuenta la historia de tres personajes: una jovencita que trabaja en
una tintorería, un padre que sale de la cárcel y para en el Ejército
de Salvación, y una anciana.

Tan de repente
Dir:Diego Lerman 90 minutos, Blanco & Negro

Dos chicas que son amantes entre sí y una vendedora de lencería
gordita e introvertida recorren las calles de Buenos Aires y luego
viajan a Rosario.





10 años EL INDEPENDIENTE

“Corría marzo de 1997 y en un bar de la calle Ayacucho terminábamos
de concretar una operación complicada: le entregábamos nuestros
ahorros a un anciano que nunca más veríamos a cambio de un viejo
proyector de cine alemán. El aparato estaba desarmado, eran casi 30
pedazos desiguales, y el único dato que rescatamos era que andaba a
carbón. El plan -finamente trazado ya desde que estudiábamos cine-,
era instalarlo en el Teatro Regina, en aquella cueva inexplorada en la
cima de la sala, con el objetivo de exhibir nuevas películas,
distintas a todo lo que se venía haciendo pero que sin embargo no
tenían donde mostrarse. Inspirados un tanto en el mote que le daban
en otras latitudes pero sobre todo por la convicción de que se
trataba de ovnis cinematográficos en el contexto nacional, las
empezamos a llamar independientes. Había pequeños cortos en super 8
de Adrían Caetano, de Flavio Nardini, de Juan Villegas, animaciones
de Pablo Rodríguez Jáuregui y videofilms de Raúl Perrone. La oferta
del mes inaugural fue Labios de churrasco del hombre de Ituzaingó,
Dársena Sur, de Pablo Reyero, y un programa triple de tres cortos:
Negocios, de Pablo Trapero; La expresión del deseo, de Adrián
Caetano, y Perro, de Gastón Duprat. Las exhibiciones eran los lunes,
con entrada libre y gratuita, y la verdad es que pocas veces se
desarrollaban con normalidad. Cada función estrenaba un nuevo
inconveniente (la copia se desarmaba, el sonido no se oía, la cabina
se inundaba, el foco...) y para los organizadores (quienes esto
firmamos más Benjamín Avila), el fin de cada noche era el final de
una travesía exhausta. Pasaron los años, llegó el video digital, se
afianzaron las escuelas de cine, se creó el Festival de Cine
Independiente del Estado, y la palabra independiente se convirtió en
algo cada vez más difícil de definir. Nuestro ciclo, aún cambiando a
salas con mejores proyectores, siguió siendo fiel a aquella primera
motivación: mostrar películas con riesgos, que innoven artística y
productivamente y sean el resultado de una tremenda necesidad de sus
directores por hacer cine. A diez temporadas de aquellos comienzos, y
ya hace varias instalados en la hermosa sala de la Alianza Francesa,
decidimos armar este ciclo de películas. La selección, como no podía
ser de otra manera, es caprichosa pero sirve para recorrer en sólo 5
días diez títulos que definieron la última década y redefinieron el
cine argentino. Y, obviamente, a nosotros mismos.”

[Hernán Guerschuny y Pablo Udenio Directores de HACIENDOCINE]

jueves, junio 28, 2007

Trailer de "Hydra"

Los invitamos a ver el teaser trailer de HYDRA en http://www.youtube.com/watch?v=1KmRsREZjRI

Es una película de animación de género terror en estado de rodaje. Producida por Paura Flics, QNSCAN producciones y Liquid Pixel. Dirigida por Pablo Rabe y Leandro Jasa. Guión: Adrián y Ramiro García Bogliano.

Pablo Rabe y Leandro Jasa son miembros de la cátedra Realización y Lenguaje Audiovisual.

Más información en
http://pauraflics.blogspot.com/2007/06/hydra-llego-el-momento.html

Ejemplos de story boards

Esta es una selección de algunos sitios que tienen ejemplos de story boards:


Josh Sheppard's Film Storyboard Sample Page
http://www.thestoryboardartist.com/Site/Film.html


Storyboard Samples, by Sahin Ersoz
http://www.thestoryboardartist.com/Site/Film.html


MD Bright's Storyboard Samples
http://www.mdbright.com/StoryboardSamples.html


Animatics & Storyboards' Samples
http://www.storyboards-east.com/storybrd.htm

"Nostalghia" en Europa-Europa

El día viernes 29 de junio a las 10:00 hs en el canal Europa-Europa se proyectará "Nostalghia" (1983) de Andrei Tarkovski.
Se repite el mismo día a las 15:55 hs.

miércoles, junio 27, 2007

Entrega de planificación

Para el lunes 2 de julio todos los grupos deben entregar la planificación sobre story board. Esto es para que avancen en la concreción material del proyecto, previsualizándolo de manera completa hacia la próxima entrega de carpeta.

Recuerden que el story board debe incluir los aspectos del guión técnico.

lunes, junio 18, 2007

Composición

El próximo miércoles 20 en el teórico dan una clase sobre composición Leandro Jasa y Pablo Rabe.

miércoles, junio 06, 2007

Cronograma 1º Parte: Fechas de entrega y parcial


Lunes 25 de Junio:
Entrega TP 4 Estilo: “Apuntes de estilo para un proyecto de video”. Primer estudio de ESTILO.


Miércoles 11 de Julio (en el Teórico):
Entrega Carpeta COMPLETA:
* Idea
* Propuesta estética
* Escaleta o guión literario
* Planificación con story-board (muy detallado)



Lunes 16 de Julio:
PARCIAL
Requisitos para RENDIR PARCIAL:
- Todos los TPs (escritos y filmados), aprobados
- Carpeta de Proyecto, entregada.-
- Cumplir la condición de regular en la materia.



Lunes 6 de Agosto:
Entrega del Primer Corte (borrador completo).


Miércoles 15 de Agosto(en el Teórico):
RECUPERATORIO PARCIAL:
- 19:00 a 20:30 hs - Turno Mañana
- 20:30 a 22:00 hs - Turno Noche



Lunes 27 de Agosto:
ENTREGA DEL TP FINAL – Mesas Evaluación
Requisitos para rendir en Mesa de Evaluación:
- TP 4, (realizado)
- 1º Corte/Borrador Completo, (realizado)
- Parcial, Aprobado
- Proceso Pedagógico-Realizativo (no se pueden presentar grupos sin proceso)
- Cumplir la condición de regular en la materia.


martes, junio 05, 2007

Más sobre "decoupage"

En el blog de la comisión 3 están publicadas las definiciones de DECOUPAGE que se dan en:

“Diccionario teórico y crítico del cine”
de Jacques Aumont y Michel Marie (Editorial La Marca, Buenos Aires, 2006).

“Diccionario de cine”
de Eduardo A. Russo (Editorial Paidós, Buenos Aires, 1998).

El enlace para ver esas definiciones es:
http://ryla3.blogspot.com/2007/06/decoupage-segn-dos-diccionarios-de-cine.html

Analizar y relacionar con Burch con sus ayudantes o en el teórico.

lunes, junio 04, 2007

Las obligaciones de un director

Me parece que un director tiene varias obligaciones, y me refiero tanto
en el sentido profesional del término como en el sentido moral. Una de
esas obligaciones es explorar, estar en un perpetuo estado de
investigación. Otra es dejar que te asombren de vez en cuando. Siempre
estoy deseando ver una película que me emocione enormemente, y de la que
no pueda sentirme celoso de ninguna manera porque sea bella, me encantan las películas bellas. Una película que me abrume, que me obligue a examinar de nuevo mi trabajo, porque lo que me está diciendo es: “Esto es mejor que lo que tú haces, así que intenta mejorar”.

En la época de la Nouvelle Vague, pasábamos el tiempo comentando las películas de otros. Y recuerdo que cuando vimos Hiroshima mon amour (1959), de Alain Resnais, nos quedamos estupefactos. Pensábamos que lo habíamos descubierto todo y de repente nos encontramos ante algo que se había hecho sin nosotros, sin nuestro conocimiento, que nos emocionó profundamente. Fue como si los soviéticos, en 1917, hubieran descubierto que otro país tenía una revolución comunista que funcionaba tan bien como la suya, o incluso mejor! Imagina cómo se habrían sentido...

En cuanto a la tercera obligación del director, creo que es, sencillamente, reflexionar sobre por qué hace cada película y no darse por satisfecho con la primera respuesta. Empecé a hacer películas porque era algo vital; no podía hacer otra cosa. Pero cuando veo muchas películas hoy en día, tengo la sensación de que el director podría haber hecho cualquier otro trabajo sin problemas. Me parece que ellos creen que están haciendo lo que dicen que están haciendo, pero en realidad no lo hacen. Creen que han hecho una película sobre algo, pero no es así.

Existen dos niveles de contenido en una película: el visible y el invisible.

Lo que pones delante de la cámara es lo visible; y, si no hay nada más,
es que estás haciendo un telefilm. Las películas de verdad, en mi
opinión, son las que tienen algo invisible, que puede verse -o
discernirse- a través de la parte visible y únicamente porque la parte
visible se ha dispuesto de una determinada manera. En cierto sentido, lo
visible es un poco como un filtro que, cuando se coloca en un cierto
ángulo, permite que traspasen determinados rayos de luz y permite ver lo
invisible. Demasiados directores de hoy en día no van más allá del nivel
visible. Deberían plantearse más preguntas. O los críticos deberían
hacérselas. Pero no después de que las películas estén terminadas, como
se hace en la actualidad. No, es demasiado tarde. Tienes que plantearte
las preguntas antes de que esté hecha la película y debes planteártelas igual que un oficial de policía interroga a un sospechoso: cualquier cosa que no llegue a esto no vale la pena.

    Jean-Luc Godard

jueves, mayo 31, 2007

Frases del teórico (30/05/07)

"Ten ojo de pintor. La pintura crea mirando. El disparo del ojo del pintor disloca lo real. Luego, el pintor lo recompone y lo organiza con ese mismo ojo, según su gusto, su método, su bello-ideal."

     Robert Bresson

domingo, mayo 27, 2007

El tiempo según Hitckcock

"[...] comprimir o dilatar el tiempo, ¿no es la primera labor del director? ¿No cree usted que el tiempo del cine nunca debería tener relación con el tiempo real?"

Alfred Hitchcock, en el libro “El cine según Hitchcock” de François Truffaut.

viernes, mayo 25, 2007

Lunes 28 no hay clases

El lunes 28 de mayo los tres edificios de la Facultad de Bellas Artes permanecerán cerrados por desinfección.

jueves, mayo 24, 2007

El realismo según Hitchcock

"Seamos lógicos: si se quiere analizarlo todo y construirlo todo en términos de plausabilidad y de verosimilitud, ningún guión de ficción resistiría este análisis y sólo se podría hacer una cosa: documentales."

Alfred Hitchcock, en el libro “El cine según Hitchcock” de François Truffaut.

El cine según Hitchcock

En el siguiente enlace:

http://www.truffaut.eternius.com/Hitchcock_Truffaut.htm

están publicados varios fragmentos del libro "El cine según Hitchcock". Ese libro es el resultado de una larga conversación de cincuenta horas entre François Truffaut y Alfred Hitchcok, preparada sobre un cuestionario de quinientas preguntas. A lo largo de sus páginas, Hitchcock repasa las circunstancias que rodearon el nacimiento de cada film, la elaboración de los guiones, anécdotas, etc. Un apasionante diálogo entre dos grandes cineastas, donde Hitchcock rompe cierta introversión cínica para descubrirnos cómo aprendió con sus primeros filmes mudos, y mantuvo hasta los últimos, un lenguaje visual inigualable.

Análisis de "Intriga Internacional"

En el teórico del día miércoles 23 de mayo se analizó una secuencia de la película "Intriga internacional", de Alfred Hitchcock. El título original de esa película es "North by Northwest" y es de 1959.



En bibliografía originada en España a veces aparece referenciada como "Con la muerte en los talones".

martes, mayo 22, 2007

Grilla de Puesta en Forma y Propuesta Estética.

Versión online de la grilla de puesta en forma y propuesta estética.


ATENCION: Por limitaciones técnicas no se puede subir en formato PDF y el formato de documentos de Google no admite las flechitas del gráfico original. Por ese motivo esta versión está armada con capturas de pantallas del documento de Word y es de menor calidad visual que la disponible en fotocopiadora.

lunes, mayo 21, 2007

Bibliografía

Referencias bibliográficas de la materia:

Arnheim, R., Arte y Percepción Visual. Madrid, Alianza, 1983.
Aumont, J. La imagen. Paidós, Barcelona, 1993.
Aumont, J.; Bergala, A.; Marie, M. y Vernet, M. Estética del Cine. Paidós, Barcelona, 1985.
Aumont, J., El ojo interminable, Barcelona, Paidós, 1997.
Bazin, A, ¿Qué es el cine?, Rialp, Madrid, 1966.
Benavídez, F. La puesta en forma y su propuesta estética, (grilla de parámetros morfológicos), Cátedra de Realización y Lenguaje Audiovisual
Badiou Alain, “El cine como experimentación filosófica” en Yoel, Gerardo (comp.) Pensar el cine 1. Imagen, ética y filosofía. Bs. Aires, Manantial, 2004.
Bettetini, G. Producción significante y puesta en escena. G. Gili, Barcelona, 1977.
Bettetini, G. La conversación audiovisual. Problemas de la enunciación fílmica y televisiva. Cátedra, Madrid, 1989.
Bordwell, D. La narración en el cine de ficción. Paidós, Barcelona, 1996.
Bordwell, D. y Thompson, K. El arte cinematográfico. Paidós, Barcelona, 1995.
Bresson, R. Notas sobre el cinematógrafo. Era, México, 1974.
Burch, Nöel. Praxis del cine. Fundamentos. Madrid, 1970.
Casetti, Francesco. Teorías del cine. Ed. Cátedra. Madrid, 1993.
Chion, Michel. La audiovisión. Paidós, Barcelona, 1993.
Comolli, Jean-Louis. Filmar para ver, Ed. Simurg / Cátedra La Ferla (UBA), Bs. As., 2002.
Deleuze, G. La imagen- movimiento. Paidós, Barcelona, 1984.
Deleuze, G. La imagen- tiempo. Paidós, Barcelona, 1987.
Eisenstein, Sergei. La forma en el cine. Siglo Veintiuno. México, 1976.
Gaudreault, A. y Jost, F. El relato cinematográfico. Paidós, Barcelona, 1995.
La Ferla, Jorge. Comp. Medios Audiovisuales. Ontología, historia y praxis ( cine, TV, video, instalaciones, multimedia). Editorial universitaria de Bs. As., Bs. As., 1999.
La Ferla, J. Comp. La revolución del video. Of. de Publicaciones del CBC-UBA, Bs. As., 1996.
Mitry, Jean. “Sobre un lenguaje sin signos”, en Urrutia (ed.), Contribuciones al análisis semiológico del film, F. Torres, Valencia, 1976, 263-290.
Mitry, J. Estética y psicología del cine. Siglo XXI, México, 1984.
Rohmer, Eric. L'organisation de l'espace dans le Faust de Murnau, Ed. UGE, col.10/18, Paris, 1977.
Russo, Eduardo. Diccionario de cine. Paidós. Bs. As. 1998
Sánchez, R. Montaje Cinematográfico, arte del movimiento, Aquí Gran Ed., 1991.
Sánchez Biosca, Vicente. El montaje cinematográfico. Paidós, Barcelona, 1997.
Tarkovski, Andrei. Esculpir en el tiempo. Rialp, Madrid, 1991.
Truffaut, F., El cine según Hitchcock, Bs. As., Alianza,1992.
Villain, Dominique. El encuadre cinematográfico. Paidós, Barcelona, 1997.
Zunzunegui, Santos. La mirada cercana. Paidós, Barcelona, 1996.
Zunzunegui, Santos. Paisajes de la forma. Cátedra, Madrid, 1994.
Zunzunegui, Santos. Pensar la imagen. Cátedra / Universidad Del País Vasco, Madrid, 1998.

domingo, mayo 20, 2007

El tercer hombre


En RETRO se podrá ver "El tercer hombre", una de las más recordadas actuaciones de Orson Welles, los siguientes días:

  • Miér. 23 de mayo, 22:00 hs.
  • Dom. 27 de mayo, 22:00 hs.
  • Juev. 07 de junio, 01:30 hs.

Viena, 1947. El norteamericano Holly Martins, escritor de novelas policíacas, llega a la capital austriaca dividida en cuatro zonas ocupadas por los aliados de la Segunda Guerra Mundial. Holly llega invitado por un amigo de la infancia, Harry Lime, que le ha prometido trabajo. Pero el mismo día de su llegada coincide con el entierro de Harry, quien ha sido atropellado por un coche. El jefe de la policía militar británica le insinúa que su amigo estaba mezclado con el mercado negro.

Protagonistas: Joseph Cotten, Alida Valli, Orson Welles, Trevor Howard, Bernard Lee
Director: Carol Reed
Género: Film Noir, Suspenso, Thriller
Duración: 104 minutos
País: Inglaterra
Año: 1949
Título original: The Third Man
Clasificación: Sólo apta para mayores de 13 años

miércoles, mayo 16, 2007

Asueto académico y administrativo 16/05

Por razones inherentes a la Asamblea Universitaria, la UNLP dispuso de un
ASUETO ACADEMICO Y ADMINISTRATIVO para el día miércoles 16 de Mayo.

DCA.FBA.UNLP


por tal razón no habrá teórico de Realización y Lenguaje Audiovisual

martes, mayo 15, 2007

Para ver en cable


LA DAMA DE SHANGHAI. "The Lady From Shanghai" (1947, Orson Welles). Retro, 22 hs. Miércoles 16 de Mayo
Se repite: Domingo 20 de mayo, 22:00 hs. y Jueves 31 de mayo, 01:30 hs.



LOS ULTIMOS DIAS. "Last Days" (2005, Gus Van Sant). Cinemax, 24 hs. Domingo 20 de Mayo

La pasión de Juana de Arco



El día sábado 19 de mayo a las 10:00 hs en el canal Retro se proyectará "La pasión de Juana de Arco" ("La passion de Jeanne d'Arc", 1928) de Carl T. Dreyer.


Se repite el lunes 21 de mayo a las 03:00 AM.

viernes, mayo 11, 2007

Frases del teórico

"Traducir el viento invisible mediante el agua que esculpe a su paso."
   Robert Bresson

"La idea fundamental del cine como arte es el tiempo recogido en sus formas y fenómenos fácticos".
   Andrei Tarkovski

"El cine transforma tiempo en percepcion, crea una emoción de tiempo".
   Alan Badiou

"Valor rítmico de un sonido, ruido de una puerta que se abre y se cierra, de pasos, etc. Por necesidad rítmica".
   Robert Bresson

"Encuadrar significa siempre esconder".
   Jean-Louis Comolli

"La gente corre con la cara, no con los pies".
   Leonardo Favio

miércoles, mayo 09, 2007

Michel Chion: datos biográficos

Michel Chion nació en 1947, en Creil (Francia). Compositor de música concreta, realizador, investigador, crítico, cronista y profesor en diferentes centros universitarios y profesionales, ha publicado una docena de estudios y ensayos dedicados a la música y el sonido como centro de sus investigaciones teóricas sobre el cine.

Compuso la música concreta para los estudios de la GRAM, incluidos Requiem (Grand prix du disque, 1978) y una serie de importantes melodramas, con una forma dramática que inauguró en 1972 con Le prisonnier du son (El prisionero del sonido), y continúo con Tu (1977-1985), La tentation de saint Antoine (1984) y Nuit noire (1985). También son dignas de mención las obras La Roue, cycle du quotidien (1972-1985), 24 préludes à la vie, Variations, and Sonate (1989-1991), Crayonnés ferroviaires (1992), Credo mambo (1992) - realizado en Musiques Recherches (Ohain, Bélgica) - , Gloria (1994)… todos trabajos para los cuales desarrolló técnicas originales de composición.

También trabajó como teórico de las teorías postmodernas en una nueva área: el estudio sistemático de las relaciones audiovisuales, teoría con la cual enseñó en importantes centros (notablemente en la Universidad de París III, donde representa las labores de un profesor asociado), y en escuelas de cine (ESEC de París, DAVI de Lausanne) donde desarrolló una serie de cinco libros. Además de unas veinte publicaciones traducidas a docenas de idiomas escribe para diversos títulos de películas y músicas de autores como: Pierre Henry, François Bayle, Charles Chaplin, Jacques Tati o David Lynch.

Ha publicado tanto en periódicos franceses como internacionales y ha contribuido en numerosos diccionarios y enciclopedias.

Comenzó también a trabajar en la dirección y la producción del cortometraje Éponine (junto con Jean-Vigo, entre Clermont-Ferrand y Montréal). Más recientemente, en 1995, comenzó una pieza audiovisual titulada Messe de terre en el CICV Pierre Schaeffer en Montbéaliard (Francia).

Chion se sitúa en el mismo punto de partida que Pierre Schaeffer, sobre todo en cuanto a pensar y describir los sonidos como objetos, pero a la vez tiene muy en cuenta las contradicciones y las resistencias que genera semejante intento, tanto en el campo de la investigación como en el de la creación. Acaba esbozando el programa de una nueva disciplina a la que se llama aculogía. En ella, el sonido ya no es únicamente el símbolo de una armonía perdida, sino también un objeto cultural que debe construirse a partir de las técnicas de escucha y la necesidad humana de dar un nombre a las cosas, necesidad de la que los poetas han dado los ejemplos más bellos.

En 1991 publicó, con el apoyo de Jérôme Noetinger, L´art des sons fixés, en el cual propone designar la música con un término ya existente, “musique concrète” (música concreta) en esta inicial sensación no causal. Su redefinición insiste sobre el efecto particular de fijación del sonido, término que propone en lugar de grabación.

De entre las obras sobre el tema audiovisual de este genial teórico, caben destacar las siguientes:

  • La voz en el cine, 1982. Con diseño bastante original, en esta obra examina a la voz, no en su función portadora de palabras, sino como elemento de representación cinematográfica.
  • La música en el cine, 1985. A medio camino entre el ensayo y la divulgación, intenta abordar por primera vez, de forma concreta y en toda su extensión, el tema que tan claramente evoca su título.
  • La Audiovisión, 1993. En esta obra explica detalladamente las relaciones entre sonido e imagen. Las películas sonoras, los video clips o los programas de televisión no se “ven” sino que se “audioven”. En otras palabras, los objetos audiovisuales dan lugar a una percepción específica -la audiovisión- que funciona esencialmente por proyección y contaminación recíprocas de lo oído sobre lo visto, o bien “en ausencia”, por sugestión. La audiovisión es, en el sentido técnico de la palabra, un ilusionismo, y su estudio debe resultar obligado tanto para los interesados en la vertiente práctica de la imagen, como para los teóricos del cine y la televisión.


Fuente: http://www.todomonografias.com/audiovision-michel-chion/

martes, mayo 08, 2007

Películas de Gus Van Sant

En el teórico del 2 de mayo se vieron fragmentos de

  • "Gerry"

  • "Elephant"


Ambas películas son de Gus Van Sant. Junto con

  • "Last Days"


(que recrea los últimos días de Kurt Cobain) forman -para el director- una trilogía arbitraria. Recomendamos que vean las tres películas.

El Amante en TV

La revista de cine "El Amante" tiene un programa por Canal (á) que se
trasmite los días jueves a las 22 horas. Lo conduce Eduardo Noriega (editor de la revista).

Este programa se trasmite por el canal número 59 de multicanal y también de cablevisión.

Se repite los sábados a las 15:00 y 20:30 hs, y los domingos a las 16:30 y 22:30 hs.

Praxis del cine

En breve tendrán que leer un nuevo texto, extraído del libro "Praxis del cine", cuyo autor es Noel Burch. Dado que el mismo no podrá ser publicado online en el blog, por favor consigan las fotocopias con tiempo, para que cuando les pidamos que lo lean no tengan demoras en la fotocopiadora. Está disponible en la fotocopiadora Manuelita.

El texto en cuestión es:

"Elementos de Base: 1. Cómo se articula el espacio-tiempo, y 2. Nana o los dos espacios" (de "Praxis del cine", Noel Burch)

Secretaría de Asuntos Estudiantiles

Horario de atención: de lunes a viernes de 9 a 14 hs. y de 17 a 19 hs.

T.E: 423-6599 / 4237583 / 4238348. int. 126.

e-mail: sae@fba.unlp. edu.ar

Comedor universitario

Sedes:

  • Sede Club Everton: calle 14 e/ 63 y 64.
  • Sede del Bosque: cerca de la Facultad de Ciencias Naturales, en el boulevard 120 e/ 61 y 62.
  • Sede Centro de La Plata: calle 44 nº 733 e/ 9 y 10.
  • Sede del Club Universitario: calle 46 e/ 2 y 3.


Para hacer uso del Comedor universitario es necesario adquirir el ticket con una semana de anticipación. El mismo se compra en las sedes correspondientes, de lunes a viernes de 11:30 a 14:30hs. por un valor de $1 por almuerzo.

Menú:

  • Lunes: Fideos con salsa bolognesa
  • Martes: Pan de carne y acelga con ensalada de papa, huevo, zahahoria y arvejas.
  • Miércoles: ¼ de pollo con ensalada (no varía semana por medio)
  • Jueves: Guiso de arroz con pollo
  • Viernes: Milanesas de pescado con ensalada
  • Todos los días frutas de estación y agua.

Certificados analíticos

Se piden en dos períodos:

Mayo: del 1º al 15 (incluye notas de promociones de diciembre y exámenes hasta marzo)
Diciembre: del 15 al 30 (incluye notas de exámenes hasta septiembre)
Por excepciones se deberá consultar.

-Pueden solicitar todos los alumnos.
-El trámite es personal.
-Llenar el formulario correspondiente, sellarlo en biblioteca y entregarlo en el departamento de alumnos.
-Retirar en tres días, por apellido, en el mismo departamento.

Certificados de alumno regular

Se pueden solicitar tres por año.
El trámite se realiza en el departamento de alumnos.

Libreta sanitaria

El trámite se realiza en la Dirección de Salud (48 Nº 582, subsuelo) de Lunes a Viernes de 7:30 hs. a 12:00 hs. y de 13:30 hs. a 19:00 hs. Concurrir con D.N.I., certificado de alumno regular y lapicera.

Los estudiantes, con la libreta sanitaria, reciben atención médica de Lunes a Viernes de 8:00 hs. a 21:00 hs. (invierno) y de 8:00 hs. a 21:30 hs. (verano).

Consultorios:

  • Clínica médica.
  • Odontología.
  • Psicología.
  • Fonoaudiología.
  • Atención a embarazadas.


Emergencias: Todos los días, las 24 hs. T.E. 451-3145 / 453-1419

miércoles, mayo 02, 2007

Texto de Aumont y otros

Gracias a la colaboración de una compañera, tenemos disponible online el texto de Aumont que tienen que leer para el próximo lunes 7 de mayo:

EL FILM COMO REPRESENTACIÓN VISUAL Y SONORA

lunes, abril 23, 2007

Leer texto de Chion para el 30 de abril

Para el 30 de abril debe leerse el texto La escena audiovisual. Es el capítulo 4 del libro "La audiovisión. Introducción a un análisis conjunto de la imagen y sonido", de Michel Chion.

sábado, abril 21, 2007

Avisos de películas recomendadas








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miércoles, abril 18, 2007

Andrei Tarkovski: datos biográficos

Andrei Arsenyevich Tarkovsky (4 de abril de 1932 – 28 de diciembre de 1986)

Se le reconoce como uno de los más importantes e influyentes autores del cine soviético y uno de los más grandes de la historia del cine.

El más famoso director soviético desde Sergei Eisenstein, Andrei Tarkovsky es uno de los máximos representantes del cine ruso, cuyas películas son intensamente íntimas, ocasionalmente controvertidas, siempre hermosas en cada fotograma; y es por eso por lo que es considerado como un poeta del cine. Él se mostraba interesado en el hombre y su búsqueda de respuestas de la vida misma, la decadencia de la verdadera espiritualidad en la sociedad moderna y la incapacidad de la humanidad para responder adecuadamente a las demandas de la tecnología, que domina cada vez más todo el espectro de la vida humana.

Ingmar Bergman, hablando sobre La infancia de Iván: "Es un verdadero milagro. Me sentí conmovido cuando descubrí que todo lo que yo siempre quería contar, pero que no sabía cómo expresarlo, estaba en esta película."

Andrei Tarkovsky consideraba que su película Andrei Rublov era el mejor ejemplo para mostrar a la gente cuál es el verdadero rol y la responsabilidad real del artista en la sociedad, aludiendo a que él mismo, como cineasta, no tenía por qué ser obligado a ser un mero trabajador del estado ruso que reflejase simplemente las maravillas de la política rusa.

Interesado en ir más allá del lenguaje cinematográfico —tal y como hiciera Sergei Eisenstein a comienzos del siglo siglo XX, Tarkovsky exploró nuevas formas de narrativa cinematográfica, que influyeron en la nueva generación de cineastas, y desarrolló una interesante teoría cinematográfica, a la que llamó "Esculpir en el tiempo". Él mismo destacaba una característica del cine: la capacidad de fijar el tiempo. A partir de esta idea, el cineasta debe esculpir un bloque de tiempo para dejar al descubierto la imagen cinematográfica. Después de El espejo, Tarkovsky anunció que se dedicaría completamente a seguir las premisas dramáticas del filósofo Aristóteles: concentrar totalmente una historia en un solo lugar bajo un día soleado en algún momento del tiempo. Sacrificio (en el cual se filmó una escena de 10 minutos de duración, algo completamente inédito en la historia del cine mundial) es considerada por muchos como el perfecto reflejo de la legendaria teoría cinematográfica de Andrei Tarkovsky.

Filmografía:

  • Ubiitsy (1958)
  • Kontsentrat (1958)
  • Segodnya uvolneniya ne budet (1959)
  • Katok i skripka (1960)
  • La infancia de Iván (Ivanovo detstvo) (1962)
  • Andrey Rublyov (Biografía del pintor medieval Andrei Rubliov) (1969)
  • Solaris (Solyaris) (basada en la obra de Stanisław Lem) (1972)
  • El espejo (Zerkalo) (1975)
  • La Zona (Stalker) (1979)
  • Tempo di viaggio (1983) (Televisión)
  • Nostalgia (Nostalgya) (1983)
  • Sacrificio (Offret) (1986)


Más información disponible en:
http://es.wikipedia.org/wiki/Andrei_Tarkovsky

viernes, marzo 30, 2007

Película "Stalker" (Andrei Tarkovski, 1979)

Se dejaron en el Departamento de Comunicación Audiovisual 5 copias:
  • 1 copia en DVD (formada por 2 discos la película completa)
  • 3 copias en DVD (en 1 solo disco la película completa)
  • 1 copia en VHS
Ya están en circulación y copiado entre los alumnos.-

Además los alumnos organizaron proyectar el film el día miércoles 04/04/2007 a las 18:30 hs en el Aula 2. Ese día Tarkovski cumpliría 75 años, así que la proyección sirve también como homenaje a este gran realizador.

Tienen que ver la película y leer el texto que está en la siguiente entrada de este blog para el día 09/04/2007.

Sobre el tiempo, el ritmo y el montaje (Tarkovski)

Fragmentos de "Esculpir en el tiempo", de Andrei Tarkovski

Atención: Los textos que deben ser leídos obligatoriamente para el día 9 de abril son los que se llaman "Sobre el tiempo, el ritmo y el montaje" y "Esculpir en el tiempo". Hay dos textos más al final ("Idea y guión" y "La configuración de la imagen cinematográfica") que son de lectura optativa.


Sobre el tiempo, el ritmo y el montaje.

Al tratar ahora acerca de las características específicas de la imagen fílmica, quiero de entrada rechazar la tan difundida opinión en teoría del cine según la cual la imagen fílmica tiene un carácter sintético. Me parece equivocada esa idea, porque de ella se deduciría que el cine se basa en artes afines y no posee medios de expresión propios. Lo que a su vez significaría que el cine no es arte. Pero es un arte.
La imagen fílmica está completamente dominada por el ritmo, que reproduce el flujo del tiempo dentro de una toma. El hecho de que le flujo del tiempo también se observe en el comportamiento de los personajes, en las formas de representación y en el sonido, es tan sólo un fenómeno concomitante que -hablando en teoría- podría falta sin que con ello se viera minada la obra cinematográfica en su esencia. Se puede uno imaginar en efecto, una película sin actores, sin música y sin construcciones, incluso sin montaje. Pero es imposible una película en la que en sus planos no se advierta el flujo del tiempo. Una película de ese tipo era La llegada del tren, de los hermanos Lumière, de la que ya he hablado. Películas de esta clase se realizaron también en el undergroun americano; y recuerdo una en que se observa a un hombre durmiendo. Después vemos cómo despierta ese hombre y en su despertar se encierra toda la magia de un inesperado y sorprendente efecto de estética cinematográfica.
A este respecto se puede recordar también una película, de diez minutos de duración, de Pascal Aubier, consistente en un solo plano. Al comienzo fija la vida de la naturaleza soberanamente serena, indiferente frente al desenfado humano y a las pasiones de los hombres. Con una técnica de cámara de gran maestría y virtuosismo, un pequeño punto se transforma más tarde en la figura de un hombre dormido, casi imperceptible entre la hierba en la ladera de una colina. Poco a poco se va llegando a un climax de gran dramatismo. De forma sensible se acelera el curso del tiempo, movido por nuestra curiosidad. De acuerdo con la cámara, nos vamos acercando lentamente, casi reptantes, a la figura para -cuando ya estamos a su lado- comprender que la persona allí tendida está muerta. Y un segundo después sabemos más: nos enteramos de que ese hombre no sólo está muerto, sino que fue asesinado a golpes. Y que se trata de un rebelde que ha fallecido a consecuencia de sus heridas y que ahora en el seno de la naturaleza -impasible y magnífica- ha cerrado para siempre sus ojos. Y la memoria, enérgica, nos lleva a acontecimientos sobrecogedores de nuestro mundo de hoy.
Subrayo otra vez que en esa película no hay un solo corte del montaje, ni trabajo de actores ni decoración alguna. Pero existe el ritmo de los movimientos del tiempo en esa toma, organizada según una dramaturgia en realidad bastante compleja.
No hay un solo elemento parcial de toda la película que pueda contener un sentido independiente: esta película es una obra de arte en su totalidad, en su unidad. De sus elementos parciales se puede hablar sólo en un sentido muy condicionado, cuando se separan tan sólo con el fin de realizar afirmaciones teóricas.
Tampoco se puede asentir a la idea de que el montaje es el elemento más importante para dar forma a la película, de que la película surge en la mesa de montaje, como afirmaban en los años veinte los partidarios de un “cine de montaje”, el cine de Kuleschov y Eisenstein.
A menudo -y con toda razón- se ha afirmado que todo arte trabaja necesariamente con un montaje, es decir, con una selección y nueva composición de partes y elementos. Pero la imagen fílmica surge en los planos y existe dentro de cada uno de ellos. Por eso, en el trabajo de rodaje tengo en cuenta el flujo de tiempo dentro del plano e intento reconstruirlo y fijarlo con precisión. El montaje, por el contrario, coordina planos ya fijados en cuanto al tiempo, estructura con ellos el organismo vivo de la película, en cuyas venas bulle con una presión rítmicamente variable el tiempo, que garantiza su vida.
En contraposición neta con la naturaleza del cine me parece que está también la intención de los representantes de un “cine de montaje”, según el cual el montaje puede formar dos conceptos que en un cierto sentido producen una tercera idea. Pero un juego conceptual no puede ser la meta de ningún arte y su naturaleza tampoco es una asociación arbitraria de conceptos. Cuando Pushkin hablaba de que la “poesía tenía que ser un poco simple”, probablemente estaba pensando en el carácter concreto de lo material, a lo que está unida la imagen, que de forma mágica y misteriosa se inclina a las esferas de lo espiritual.
La poética del cine se opone al simbolismo y está apegada a esa sustancia declaradamente terrenal, con la que tenemos que tratar hora tras hora. Cómo el artista selecciona ese material, cómo fija ese material -desde una sola toma-, es lo que demuestra con seguridad si un director tiene talento, sensibilidad cinematográfica o no.
El montaje, al fin y al cabo, no es otra cosa que una variante ideal de dimensiones de rodaje ensambladas unas a otras, una variante incoada ya desde el principio en el material fijado en el celuloide. El montar bien una película significa no perturbar la relación orgánica de las escenas y planos que, por decirlo de algún modo, ya se han premontado, puesto que en su interior existe una ley según la cual corresponden unas con otras, una ley que hay que adivinar al cortar y unir cada una de las partes. Hay veces en que no es tan fácil dar con las interconexiones y las relaciones de las tomas, especialmente cuando una toma se ha realizado con imprecisión. Entonces, al trabajar en el montaje se llega no a un ensamblaje sencillo, lógico y natural, sino a un proceso costoso, en que se busca un principio de ligazón de las tomas entre sí, y en el que, a pesar5 de los pesares, va apareciendo poco a poco la unidad que yace en ese material.
Surge aquí una curiosa reminiscencia: por las características que el material ha adoptado ya durante el rodaje se organiza en el montaje la construcción de la película misma. Por el carácter de los cortes va corrigiendo la sustancia del material filmado.
Apoyándome en mis propias experiencias puedo afirma que el montaje de El espejo estuvo unido a ingentes esfuerzos. Hubo más de veinte variantes de corte; y no me estoy refiriendo a cortes concretos que se cambiaras, sino a modificaciones de la estructura, del orden de los episodios. Hubo momentos en los que incluso parecía que era imposible montar aquella película, lo que hubiera puesto de manifiesto graves e imperdonables fallos durante el rodaje. Una y otra vez la película se desmoronaba, se negaba a ponerse en pie, se desperdigaba ante nuestros ojos; no tenía unidad, unión interior, coherencia lógica. Pero un buen día, intentándolo a la desesperada por última vez, surgió de repente una cerrada y coherente unidad de imágenes. El material cobró vida y los elementos, las partes de la película entablaron relaciones funcionales mutuas y se unificaron hasta formar un sistema preciso, orgánico. Cuando vi en la sala este último y desesperado intento, la película cobró de repente su forma ante mis ojos. Aun mucho más tiempo después no conseguía creerme aquel milagro. Era cierto: el montaje de la película estaba terminado.
Todo aquello fe la prueba decisiva de lo que habíamos hecho al rodar. Estaba claro que la unión de las secuencias dependía del “estado interior” del material fílmico. Y si ese estado interior se había introducido en el material al rodar, si realmente había llegado allí y no nos habíamos engañado, entonces necesariamente se podría montar la película y construir una unidad. De cualquier otro modo eso no hubiera sido posible. Para poder llegar hasta una unión orgánica y adecuada de las secuencias y partes, tan sólo era necesario dar con la idea fundamental, con el principio de la vida interior del material filmado. Y cuando finalmente lo conseguimos, todos sentimos un enorme alivio.
En El espejo se forjaba el mismo tiempo que determina también cada una de las tomas. En esta película hay unos doscientos planos, lo que es muy poco si se tiene en cuenta que una película con esa duración suele tener en torno a los quinientos. Su escaso número determinaba en nuestra película la duración de cada uno de ellos. Pero el corte de los planos en el montaje y su estructura no crea -como se suele pensar- el ritmo de una película.
El ritmo de una película surge más bien en analogía con el tiempo que trascurre dentro del plano. Expresado brevemente, el ritmo cinematográfico está determinado no por la duración de los planos, sino por la tensión del tiempo que transcurre en ellos. Si el montaje de los cortes no consigue fijar el ritmo, encones el montaje no es más que un medio estilístico. Es más, en la película el tiempo transcurre no gracias, sino a pesar de los cortes. Este es el transcurso del tiempo fijado ya en el plano. Y precisamente eso es lo que el director tiene que recoger en las partes que tiene ante sí en la mesa de montaje.
El tiempo fijado en un plano es lo que dicta al director el principio de montaje que corresponde en cada caso. Por eso aquellas partes de una película que no son “montables” -como se dice-, que no se pueden unir, son las que por principio trascurren en tiempos diferentes. Por eso, el “tiempo real” y un tiempo elaborado de modo artificial no se pueden montar: sería lo mismo que intentar montar cañerías de agua con dos diámetros diferentes. La consistencia temporal que recorre un plano, la tensión del tiempo que crece o se va “evaporando” eso lo podemos llamar la presión del tiempo dentro de un plano. Según eso, el montaje sería una forma de unificación de partes de una película teniendo en cuenta la presión del tiempo que se da en ellas.
La sensibilidad hacia la unidad de planos diferentes puede despertar con la unidad de la presión que determina el ritmo de una película.
¿Pero, cómo se puede sentir el tiempo de un plano? La sensibilidad surge si tras el acontecimiento visible se hace patente una verdad determinada e importante. Cuando se reconoce clara y nítidamente que lo que se ve en ese plano no se agota en aquello que se representas visiblemente, sino que tan sólo se insinúa algo que tras este plano se extiende de forma ilimitada, cuando hace alusión a la vida. Es igual a aquella infinitud de la imagen de la que ya hablamos. La película es más de lo que en realidad parece ser (siempre que se trate de una película en el verdadero sentido de la palabra. Del mismo modo, las ideas que expresa constituyen algo más que el autor de la película ha incluido conscientemente en ella. Del mismo modo que la vida, que fluye y se transforma continuamente y ofrece a cada persona la posibilidad de sentir y llenar cada momento de un modo propio, una película verdadera, con un tiempo fijado con precisión en el celuloide, pero que fluye por encima de los límites del plano, vive en el tiempo sólo cuando el tiempo a la vez vive en ella. La especificidad del cine radica precisamente en las peculiaridades de ese proceso recíproco.
Si esto es así, una película es algo más que unos rollos de celuloide rodados y ensamblados. Más que un relato y también más que un tema. Una película se separa de su autor y comienza a tener una vida independiente, que se transforma en forma y contenido al verse confrontada con la personalidad del espectador.
Si rechazo los principios de un “cine de montaje” es porque no permite que la película se extienda más allá de los límites de la pantalla. Porque no deja al espectador que someta lo que ve en la pantalla a su propia experiencia. Ese tipo de cine plantea enigmas al espectador, le hace descifrar símbolos y entusiasmarse por alegorías, apelando a su experiencia intelectual. Pero cada uno de esos enigmas tiene una solución formulada verbalmente con toda precisión. Así, Eisenstein arrebata a su espectador la posibilidad de tomar una postura propia al percibir lo que le muestra en pantalla. Si Einsentein, por ejemplo, relaciona en su película Octubre un orador revolucionario con una balaika, su método -en el sentido de la cita de Valery- se identifica con su objetivo. El modo de construir una imagen pasa a ser así un fin en sí mismo, y el autor de la película inicia un ataque frente al acontecimiento que se observa en la pantalla.
Si se comprara el cine con unas artes tan marcadas por el tiempo como la música o el ballet, la cualidad diferencial del cine consiste en que esas dos artes fijan el tiempo como una forma visible de lo real, mientras que un fenómeno fijado en celuloide se percibe en todo su acontecer completo, indivisible incluso cuando se trata de un tiempo subjetivo en extremo.
Se puede clasificar a los artistas en los que configuran su propio mundo y los que reproducen la realidad. Yo personalmente pertenezco, sin duda, al primer grupo. Lo cual no cambia para nada el hecho de que el mundo en el que creo es interesante para unos, mientras que deja fríos o incluso irrita a otros. Y tampoco cambia para nada el hecho de que ese mundo reproducido con métodos cinematográficos se ha de recibir como una realidad digamos que reconstruida objetivamente, una realidad de momentos fijados de forma inmediata.
Una obra musical puede ser interpretada de formas diferentes. Puede tener una duración variable. El tiempo, en ese caso, es tan sólo una condición de causa y efecto que se encuentra en un orden determinado, dado. El tiempo tiene, pues, un carácter abstracto, filosófico, en esa situación. En cambio, el cine es capaz de fijar el tiempo por sus características externas, accesibles a modo emocional. Así, en el cine, el tiempo se convierte en el fundamento de todos los fundamentos. Lo mismo que el tono en la música, el color en la pintura o los caracteres en el drama.
No es el ritmo una sucesión métrica de las partes de una película. El ritmo queda más bien constituido por la presión temporal dentro de los planos. Yo estoy profundamente convencido de que el ritmo es el elemento decisivo -el que otorga la forma- en el cine. No lo es, por otra parte, el montaje, según se suele creer.
Es patente que el montaje existe en todas las artes. Como sucesión de la selección y reordenación que necesariamente tiene que hacer el artista. Sin ese proceso no puede existir arte alguno. Ahora bien, el montaje cinematográfico sí que tiene algo específico, que es la coordinación del tiempo fijado en cada una de las partes que se han rodado. Montaje es unir partes mayores y más pequeñas de una película, partes con tiempos diferentes. Sólo una unión aporta la nueva sensibilidad para con la existencia de ese tiempo, que es el resultado de exclusiones, de aquellos que se corta y se tira. Pero las peculiaridades del corte están impresas ya en las partes que se montan, como ya hemos explicado. Y el montaje como tal no aporta una nueva cualidad y tampoco la reproduce de nuevo, sin que tan sólo saca a la luz del día lo que ya estaba impreso en los planos que ahora se juntan. El montaje queda anticipado ya durante el rodaje y determina desde el principio el carácter de lo que se va rodando. Del montaje depende la longitud del tiempo, la intensidad de su existencia, fijada por la cámara. No hay, pues, símbolos, formas de composición puestas en escena con gran refinamiento. Y tampoco hay dos conceptos unívocos, cuya confrontación -según una teoría cinematográfica ya harto conocida- causa un “tercer sentido de las ideas”. Nada de eso: es más bien la variedad de la vida percibida y fijada en una toma.
Que mi apreciación es correcta lo confirma la experiencia del propio Einsentein. El ritmo, que él ve en dependencia directa del montaje y de los cortes, demuestra que sus presupuestos teóricos son incorrectos y lo demuestra allí donde el montaje modifica la intuición y las partes del montaje no se llenan con la presión temporal que exige el montaje. Como ejemplo, podemos fijarnos en la batalla en el lago Peipus, en la película Alexander Nevski, del propio Eisenstein.
Sin pensar en la necesidad de dar a las tomas la tensión temporal correspondiente, Eisenstein intenta reproducir aquí el dinamismo interior de la batalla montando una sucesión de partes cortas, incluso demasiado cortas. A pesar del flamear -como relámpagos- de las tomas, el espectador imparcial percibe la sequedad y la falta de naturaleza de lo que se le muestra en la pantalla; al menos ese espectador a quien aún no se le ha “convencido” de que aquello es un “clásico” con un “montaje también clásico”, tal como se enseña en la Escuela de Cinematografía. Esto sucede porque en Eisenstein no hay una probabilidad temporal en cada una de las tomas. Cada plano, visto por separado, es estático y anémico. Surge así, naturalmente, una contradicción entre el contenido interno de un plano, que no fija proceso temporal alguno, y la rapidez del montaje, que es totalmente artificial, absolutamente exterior, indiferente al tiempo que ha transcurrido en el plano. No se comunica al espectador el efecto pretendido por el artista, porque éste no se ha preocupado para nada de llenar el plano con un sentimiento real del tiempo en aquella legendaria batalla. No se recrea el acontecimiento, sino que se banaliza, artificial y arbitrariamente.
El ritmo, en el cine, se transmite a través de la vida del objeto visible, fijada en el plano. Así, del movimiento de los juncos se puede reconocer el carácter de la a corriente del río, la presión del agua. Del mismo modo, el proceso vital que la toma reproduce en su movimiento informa del movimiento del tiempo.
El director demuestra su individualidad sobre todo por su sensibilidad de cara al tiempo, por medio del ritmo. El ritmo adorna su obra con características de estilo. El ritmo no se construye pensando arbitrariamente ni de forma meramente especulativa.
En el cine, el ritmo surge orgánicamente, en correspondencia al sentimiento de la vida que tiene el propio director, en correspondencia as su “búsqueda del tiempo”. Yo tengo la impresión de que, en una toma, el tiempo tiene que discurrir de forma independiente y con su propia dignidad. Únicamente entonces las ideas encuentran un sitio en él, sin presurosa intranquilidad. La sensibilidad del ritmo es lo mismo que -por ejemplo- la sensibilidad de la palabra exacta en la literatura. Una palabra inexacta en determinada obra literaria destroza el carácter verídico de ésta, de la misma manera que un ritmo impreciso lo hace en la obra cinematográfica.
Pero aquí se llega a una dificultad natural. Supongamos que quiero que en una toma el tiempo discurra con su propio valor y de forma independiente, para que no se dé al espectador la impresión de ser forzado a algo, para que voluntariamente se entregue a ser “prisionero” del artista, percibiendo el material de la película como su propio material, adoptándolo como una experiencia nueva, absolutamente suya. Sin embargo aquí hay una aparente contradicción. Porque el sentimiento del tiempo del director en cualquier caso supone forzar al espectador. Del mismo modo se le impone el mundo interior del director. O bien el espectador “cae” en tu propio ritmo (en tu mundo) y se convierte en tu aliado o bien no lo hace, lo que significa que no se llega a comunicación alguna. Por eso hay espectadores afines y otros absolutamente extraños, lo que para mí no sólo es absolutamente natural, sino también -desgraciadamente- inevitable.
Por ello considero que forma parte de mí, como profesional, el crear un flujo de tiempo propio, individual, reproducir en las tomas mi propio sentimiento del tiempo, que puede ir desde un ritmo de movimientos perezosos y de ensueño, hasta otro en rebeldía, desaforadamente rápido.
El modo de estructurar el montaje perturba el flujo del tiempo, lo interrumpe y le concede una nueva calidad. La trasformación del tiempo es una forma de su expresión rítmica.


Esculpir en el tiempo.


El ordenar y estructurar las tomas con una tensión temporal conscientemente distinta no debe corresponder a la vida a causa de ideas arbitrarias, sino que tiene que estar determinado por la necesidad interior, tiene que ser orgánico para la materia de la película en su totalidad. Pues si queda perturbado lo orgánico en las transiciones, aparecen de inmediato los acentos del montaje, que el director en realidad quería camuflar.
La coordinación de planos diferentes en cuanto al tiempo lleva sin querer a una ruptura del ritmo. Pero si tal coordinación ha venido siendo preparada por la vida interior de los planos que se montan, puede que resulte ser imprescindible para lograr el ritmo de las imágenes. Basta pensar en las diferentes formas posibles de tensión. Hablando simbólicamente, en las diferencias entre arroyo, río, catarata y océano. Su coordinación origina un cuadro rítmico único, una innovación orgánica creada por la sensibilidad temporal de su autos.
Como la sensibilidad temporal es un elemento de la percepción viva de un director y la presión del ritmo de las partes montadas es la que dicta los cortes, en el montaje se manifiesta también la mano del director. El montaje expresa la relación del director con su idea y a través del montaje se da forma definitiva al modo de ver el mundo que tiene el director. En mi opinión, no se puede decir que es muy profundo un director que es capaz de montar sus películas de formas muy distintas. El montaje de Bergman, Bresson, Kurosawa o Antonioni siempre se reconoce al momento. Nunca se confundirá con el otro. Pues su sensibilidad por el tiempo, que es lo que se expresa en el ritmo, es siempre la misma.
Por supuesto que es necesario dominar las leyes del montaje con la misma perfección que todas las demás leyes del oficio al que uno se dedica. Pero el trabajo creativo comienza en el momento en que se infringen y deforman esas leyes. Así, del hecho de que León Tolstoi no era un estilista tan consecuente como Iván Bunin y de que las novelas de aquél no tengan la elegancia y la perfección de un relato de Bunin, es imposible deducir que Bunin es “mejor” que Tolstoi. Más bien se tiene a perdonar a Tolstoi sus frases ampulosas, inmotivadamente largas. Es más, uno llega a apreciarlas como algo específico que refleja la individualidad de Tolstoi.
Si se extrapolan del contexto las descripciones de personas que encierran las obras de Dostoievski, uno tiene ante los ojos, sin quererlo, personas bellas con labios marcados, caras pálidas, etc.. Pero como aquí no estamos hablando de un artesano cualquiera, sino de un artista y un filósofo, en realidad esto carece de importancia. Bunin, que tenía una extraordinaria estima por Tolstoi, opinaba que la novela Ana Karenina era un tremendo fracaso y, como se sabe, intentó rescribirla sin éxito. Es como con materiales orgánicos: sean buenos o malos, siempre son orgánicos vivos, cuya vida no conviene perturbar.
Lo mismo sucede con el montaje; no basta con dominarlo con virtuosismo. Hay que saber por qué motivo se lleva al cien, qué es lo que en realidad se quiere decir y por qué eso se quiere decir precisamente con la poética del cine. Hay que decir que en los últimos años, uno se encuentra cada vez con más gente joven que nada más salir de la Escuela de Cinematografía están dispuesto a hacer lo que en Rusia es “necesario” o lo que mejor se paga en Occidente. Esto realmente es una tragedia. Los trucos del oficio, en el fondo, son muy secundarios. Todo eso se puede aprender. Lo que no se puede aprender es a pensar con dignidad e independencia, lo mismo que tampoco se puede aprender a ser una personalidad individual.
Quien por una vez ha traicionado sus principios, tampoco en el futuro podrá adoptar una actitud limpia frente a la vida. Y si un director de cine dice que está haciendo una película de compromiso para ir reuniendo fuerza para aquella otro película con la que sueña, eso es un fraude -lo que es peor-, se está engañando a sí mismo. En ese caso nunca rodará su película.


Idea y guión.


Desde los primeros pasos de su trabajo hasta que termina su película, el director se va encontrando con tantas personas que tropieza con tales dificultades y con problemas a veces insolubles en apariencia, que parece que se dan todas las condiciones para que olvide por qué empezó a hacer aquella película.
Tengo que decir que, para mí, el problema del primer esbozo tiene que ver mucho más con el modo de mantener su forma “infantil”, originaria, que con su mismo origen. Es, sobre todo, un estímulo para el trabajo, una especie de símbolo de la futura película. Porque aquella primera idea, por las precipitaciones del trabajo, tiende a deslavazarse, a deformarse y quedar destruida.
El camino hacia la terminación de la película está orillado de dificultades interminables: desde la producción del primer esbozo hasta el acabado de las copias. Y no estamos hablando sólo de las complicadísimas técnicas de realización de una película, sino también de que la realización de una idea cinematográfica depende de tal cantidad de personas que éstas tienen que verse atraídas por un proceso creativo.
Si un director, al trabajar con los actores, no consigue imponer la idea que tiene de los personajes, toda su idea se tambalea. Si el director de fotografía no ha entendido bien su función, la película -aunque formalmente se haya filmado a la perfección- se parta del eje de la idea inicial y pierde su unidad.
Y hasta un decorado y unos edificios excelentes, el orgullo de quienes los prepararon, estorbarán en la película y contribuirán al fracaso de ésta, si no están marcados por aquel impulso fundamental que determinó al director en su proyecto. Y si el compositor de la banda sonora escapa al control del director y compone siguiendo sus propios impulsos, sale algo muy diferente de lo que en realidad necesitaría la película. Con lo que una vez más la idea madre corre peligro de no ser realizada.
Sin exagerar, se puede decir que el director, en cada uno de sus pasos, se arriesga a convertirse en mero espectador, que simplemente observa lo que ha escrito el guionista, interpreta el actor, rueda el cámara, y observa finalmente cómo se corta y monta su película. En la producción comercial en cadena esto es así. Allí, según parece, la única función del director consiste en coordinar los esfuerzos profesionales de cada uno de los miembros del equipo. Es decir, es muy difícil empeñarse en realizar tu propia película, la película de un autor, cuando todos tu esfuerzos, que tienen a que lo pensado una vez no se vaya totalmente al garete, chocan con las condiciones de la rutina normal en la producción. Sólo si se conserva la frescura y la vida de la idea madre del director se podrá esperar un éxito.
Debo adelantar que nunca he considerado que el guión sea un género literario propio. No; cuanto más cinematográfico sea aun guión, menos éxito literario tendrá; no le sucederá lo que pasa con una obra teatral. También en la práctica se aprecia esto: hasta ahora, nunca un guión cinematográfico ha conseguido realmente un cierto nivel literario. ,
En realidad, no entiendo por qué una persona con cualidades literarias -si excluimos motivos meramente económicos- puede querer llegar a ser guionista de cine. Un escritor debe querer escribir. Y quien esté en condiciones de pensar en imágenes cinematográficas..., que se haga director de cine. Pues la idea, el esbozo y la realización de una película son funciones y responsabilidades del director-autor, que en caso contrario no podría dirigir las labores de rodaje.
Por supuesto que un director puede buscar ayuda en un literato que le sea afín; esto es lo que suele suceder. En este caso, el literato -ya como coautor del guión- participa en la elaboración de la “base literaria”. Siempre y cuando comparta la idea del director y esté dispuesto a someterse plenamente a ella, sin perder la capacidad de desarrollar de forma creativa esa idea, de enriquecerla en la dirección que ambos acordaron.
Si un guión tiene la belleza y la magia de una obra literaria, sería mejor que fuera una obra en prosa y no un guión. Si en ellos queremos ver la base literaria de nuestra futura película, primero hay que convertirla en un guión, es decir, en base verdadera para los planos de una película. Pero eso será un nuevo guión, elaborado, en el que con medio literarios se presenta un equivalente fílmico.
Pero si un guión es desde el principio una descripción exacta del proyecto de la película, es decir, si en él se indica sólo qué se rueda y cómo, entonces tenemos algo así como el acta de la futura película, algo que nada tiene que ver con la literatura.
Si el guión se transforma considerablemente durante el proceso de rodaje (lo que suele suceder casi siempre en mis películas), entonces aquél pierde su perfil y es interesante ya sólo para los especialistas, que estudien la historia del proceso de elaboración de una película determinada. Estas variantes, continuamente en transformación, podrían interesar a los investigadores que se dediquen a estudiar la naturaleza de la creación cinematográfica, pero en ningún caso pueden pretender ser un género literario independiente.
Un guión con su forma literaria perfecta sólo sirve para convencer a los productores de que la futura película será un buen negocio. Aunque un guión así -por qué negarlo- no supone garantía alguna de la calidad de la futura película: sabemos de docenas de películas malas hechas con guiones aparentemente “buenos”. Ya también conocemos ejemplos al revés. Tampoco es ningún secreto que un guión no se elabora de verdad hasta que no se ha admitido o adquirido. Para poder realizar ese desarrollo, el director tiene que saber escribir o estar en estrecho contacto, como coautor, con sus colegas literarios, para poder dirigir certeramente que estoy hablando de las películas en que el director verdaderamente es autor.
Al principio, al elaborar el guión de dirección, me esforzaba por ver en espíritu una imagen bastante exacta de la futura película, incluso de su puesta en escena. Hoy, en cambio, tiendo a desarrollar tan sólo una idea bastante aproximada de la futura escena o plano, para que puedan éstos surgir luego en el rodaje con mayor espontaneidad. Pues las circunstancias exteriores en el lugar del rodaje, el ambiente, el estado de ánimo de los actores, todo eso lleva a soluciones nuevas, originales, inesperadas. La vida es más rica que la fantasía. Por eso, tiendo cada vez más a pensar que se debe ir al rodaje preparado, sí, pero sin idea preconcebidas, para poder depender así del ambiente de la escena y tener más libertad en el momento del rodaje sin haber pensado exactamente qué íbamos a rodar. Pero, ahora, a menudo pienso que la idea siempre es especulativa y hace que se seque la fantasía. Y que quizás fuera sensato no pensar en ella durante algún tiempo.
Basta pensar en Proust:


”Las torres de la iglesia parecían tan lejanas, y también parecía que nos íbamos acercando poco a ella, por lo que me sorprendí cuando después paramos juntos a la iglesia de Martinville. No sabía por qué me había hecho feliz verlas en el horizonte y la necesidad de buscar el motivo suponía una lacerante carga; sentía ganas de conservar en mi memoria el recuerdo de las líneas que se movían y de no pensar más en ellos... Sin decirme que lo que se escondía tras las torres de Manrtinville tenía que corresponder a una frase conseguida, puesto que se me había revelado bajo la forma de palabras que me hacían feliz, pedí al doctor lápiz y papel, y a pesar del vaivén del coche redacté, para descargar mi conciencia y también por entusiasmo, el siguiente breve texto en prosa... Nunca más recordé aquellas líneas, pero en aquel entonces, cuando las había terminado, en aquélla esquina del pescante donde el cochero solía dejar en una cesta las aves compradas en el mercado de Martinville, sentía que me había liberado con tal perfección de aquellas torres y de todo lo que significaban, que, como si fuera una gallina que acaba de poner un huevo, comencé a cantar con vos chillona".


Exactamente, lo mismo me sucedió a mí: las imágenes de mi niñez, que me persiguieron durante años, robándome la tranquilidad, se desvanecieron de repente. Dejé de ver en mis sueños la casa en la que habíamos vivido hacía tanto tiempo y que durante muchos años había aparecido en mis sueños... Pero si ahora hablo de ellos, me estoy adelantando a los acontecimientos, estoy comentando lo que pasó cuando ya había terminado El espejo.
Por aquel entonces, sin embargo, algunos años antes del rodaje de esta película, decidí simplemente fijar en un papel los recuerdos que me atormentaban, sin pensar todavía en una prelícuala. Quería componer una historia sobre la evacuación en los años de la guerra; lo principal sería la historia relacionada con el instructor militar. Pero este tema resultó ser demasiado insignificante para estar en el centro de un relato o de una novela. Por eso lo dejé estar. Pero aquella historia, que tanto me había impresionado durante mi niñez. Seguía atormentándome, seguía viviendo en mi memoria y finalmente entró en la película como un pequeño episodio.
Cuando finalmente dispuse del primer guión de El espejo, que entonces aún se llamaba Un día blanco, blanquísimo, vi con claridad que el esbozo de la película me resultaba muy borroso. Un recuerdo fílmico tan poco meditado, lleno de tristeza elegíaca y de ansiosa nostalgia de la niñez, eso no era lo que quería plasmar en cine. Me di cuenta, claramente, que en aquel guión faltaba algo enormemente sustancial. Y, efectivamente, la primera vez que lo comentamos, aún no había nada del alma de la película, algo que debía hallarse por algún lado, flotando en el ambiente. Comenzó a perseguirme la necesidad de una idea constructiva que elevara esta película por encima del insignificante nivel de unas reminiscencias líricas.
Así nació un nuevo guión: deseaba mezclar los episodios de la niñez con diálogos auténticos con mi madre. Quería así comparar dos percepciones análogas del pasado (la del narrador y la madre), que al espectador se le presentarían otra, pero pertenecientes a dos generaciones distintas. Aún hoy soy de la opinión de que con ellos se hubiera podido conseguir un efecto interesante, inesperado y en muchos aspectos imprevisible...
Sea como fuere, no me causa tristeza que luego tuviera que olvidarme de esa composición, que además era demasiado directa y burda, y que tuviera que sustituir todos los diálogos con mi madre -previstos incluso en el guión- por escenas interpretadas. Porque no había notado nada de aquélla unidad orgánica de los elementos ficticios y los documentales, que era lo que yo me había imaginado. Era más bien lo contrario: los dos tipos de elementos se repetían y su montaje me parecía una combinación meramente formal, de aspecto especulativo e ideológico, es decir, una unidad muy endeble. La cosa era así porque aquellos dos elementos estaban marcados por conceptos divergentes en cuanto al material, por tiempos diferentes con una tensión diferente: por el tiempo real, exacto, de la entrevista y por el tiempo del autor en los episodios de los recuerdos, reproducidos con procesos de carácter ficticio. Y además, todo aquellos recordaba vagamente al “cinéma vérité” de Jean Rouch, lo que no me gustaba nada.
Los pasos de un tiempo deformado, subjetivos, a un tiempo real, documental, siempre me resultan muy dudosos, convencionales, monótonos... ¡una partida de ping pong!.
Si me alejaba entonces, pues, del montaje de una película rodada en dos niveles, eso no significa que en el montaje de material ficticio y documental sea siempre inviable. Todo lo contrario: precisamente en El espejo se consiguió en mi opinión una convivencia absolutamente natural de las citas del reportaje y las escenas cinematográficas. Es tan natural que más de una vez oí comentar que las partes documentales integradas en El espejo, en realidad las había escenificado yo, al “estilo documental”, es decir, que eran ficticias. La unidad natural ha surgido porque había conseguido encontrar material documental de una calidad absolutamente extraordinaria.
Tuve que mirar muchos miles de metros de celuloide hasta encontrar las tomas de la marcha del ejército soviético por el lago Sivach, escenas que me sobrecogieron absolutamente. Nunca, nunca, me había encontrado algo parecido. Lo normal era dramatizaciones no especialmente buenas que decían ser tomas documentales de la “vida cotidiana” en el frente. Pero en realidad eran tomas muy especiales en las que se notaba que gran parte del material estaba preparado de antemano y que había poco de verdad, auténtico. No veía posibilidad alguna de coordinar toda aquella colección para conseguir un sentimiento único del tiempo. Y, de repente, me encuentro frente a un acontecimiento, o mejor un episodio, que -algo muy raro en un reportaje- se desarrollaba en una unidad de tiempo, lugar y acción, narrando uno de los acontecimientos más dramáticos en el avance del ´43. Un material absolutamente único. Es casi increíble que para una sola toma se “sacrificara” tanto celuloide. Cuando en la pantalla aparecieron esos hombre, como viniendo de la nada.víctimas de un destino trágico, muertos de agotamiento por un trabajo inhumano que superaba sus fuerzas, al ver aquellos vi también de inmediato que ese espisodio y ningún otro, sería el centro, el núcleo, el corazón de mi película que había comenzado como un recuerdo lírico auténtico.
Ante nosotros estaba una imagen de sobrecogedora fuerza y dramatismo. Y esto era precisamente lo que me afectó muy personalmente, lo que conmovió el fondo de mi corazón... Y precisamente esa escena es la que luego yo debería eliminar de la película, según me exigía el presidente del Goskino. Las imágenes narraban las torturas y los sufrimientos con los que se consigue el llamado “progreso histórico”. Los innumerables sacrificios humanos en los que siempre se basará. Era imposible creer, aunque sólo fuera durante un segundo, en aquellos sufrimientos, en su absoluta falta de sentido. El material estaba hablando de la inmortalidad y la poesía de Arseni Tarkovski era como el marco aquel episodio, el marco que lo perfeccionaba. Lo que nos fascinó fue la dignidad estética, que daba a aquel documento cinematográfico una sorprendente fuerza emocional. La verdad fijada de forma sencilla y exacta en el celuloide de ese modo dejaba de ser tan sólo similar a la verdad. Pasaba a ser una imagen de la heroicidad y del precio de aquella heroicidad. Pasó a ser la imagen de un cambio histórico por el que se tuvo que pagar un precio increíble. No me cabe la menos duda de que aquel material había sido rodado por una persona de gran talento. La imagen era especialmente dolora, especialmente penetrante, porque sólo se veían personas. Bajo un cielo blanquecino, plano, personas metidas hasta las rodillas en el barro húmedo, y barro hasta donde llegaba la vista. De allí no volvía casi nadie. Todo esto es lo que otorgaba una dimensión y una profundidad especiales a aquellos minutos registrados en celuloide, despertando sentimientos muy cercanos al sobrecogimiento, a la catarsis.
Algún tiempo después me enteré de que aquel cámara que había realizado aquellas tomas había caído ese mismo día en que había fijado lo que sucedía a su alrededor, con tan sorprendente sensibilidad...
Cuando ya sólo nos quedaban por rodar unos 400 metros -13 minutos- de El espejo, la película como tal aún no existía. Ya estaban ideados y filmados los sueños infantiles del narrador. Pero tampoco ellos conseguían dar una forma unificada a la película. La película, en su estructura definitiva no surgió hasta que se nos ocurrió la idea de introducir en el esquema narrativo al narrador, que no estaba previsto ni en la idea ni en el guión.
Estábamos muy satisfechos con la labro de Margarita Terechova, que hacía el papel de la madre del narrador. Pero durante todo el rodaje teníamos la impresión de que su papel, tal como estaba previsto al principio, no correspondía plenamente a las enormes posibilidades de la actriz. Así, decidimos añadir episodios nuevos, y la Terechova asumió un nuevo papel: el de mujer del narrador. Sólo después se nos ocurrió la idea de mezclar en el montaje episodios del pasado del narrador con otros de su presente.
En los diálogos de los nuevos episodios, al principio intenté, junto con mi coguionista Alexander Misjarin, un hombre muy capaz, aplicar las ideas programáticas sobre las bases estéticas y éticas de la obra creativa. Pero finalmente, gracias a Dios, conseguimos no hacerlo, aunque -según espero- logramos introducir algunas de estas ideas a lo largo de la película, de forma menos llamativa.
Si narro con tanto detalle cómo surgió El espejo es para dejar claro que el guión posee para mí una estructura muy frágil; vive siempre en continuo cambio; la película no surge hasta que se ha terminado de trabajar en él, con todos los pasos requeridos. El guión no proporciona más que material para la reflexión, pero hasta el final no puedo superar el sentimientos perturbador de que la película aún puede malograrse.
También debo decir que trabajando precisamente en El espejo se expresaron de forma nítida algunas de mis más estables ideas creativas. También en películas anteriores se añadió mucho, se completó durante el rodaje, aunque aquellas películas se basaban en guiones mucho9 más definidos en cuanto a la composición. Pero cuando empezamos a trabajar en El espejo no quisimos -concientemente, por principio- programar la película. Para mí, en ese caso, resultaba mucho más importante darme cuenta de cómo se iba “organizando” la propia película, ella sola, durante el rodaje, en contacto con los actores, en el montaje de los decorados y en el “vivificar” las tomas en exteriores.
Y no teníamos una concepción para un plano o un episodio considerado como una unidad visual ya conformada. Nos dábamos cuenta, eso sí, del ambiente y también de las situaciones anímicas que exigían de inmediato una correspondencia exacta, precisa, en imágenes. Cuando “veo” algo antes de los planos, cuando me imagino algo, es ante todo la situación interior, el carácter interno de tensión de las escenas que han de ser filmadas, el estado psíquico de los actores. Pero aún no sé nada de la forma exacta en la que se debe transforma todo aquello. Me dirijo al plató para comprender definitivamente de qué modo se debe expresar toda esa situación en el celuloide. Y cuando lo he entendido, empiezo a rodar.
En El espejo tenemos el tema de la vieja casa en que transcurrió la niñez del narrador, donde nació y donde vivían sus padres. Reconstruimos aquella casa, castigada por el tiempo; la reconstruimos con gran exactitud, siguiendo viejas fotografías e hicimos que “resurgiera” sobre los mismo cimientos y en el mismo lugar en que había estado cuarenta años antes. Cuando llevamos allí a mi madre, que había pasado su juventud en aquel lugar y en aquella casa, su reacción al verla superó mis más ilusionadas expectativas. Regresó al pasado. Y en ese momento me di cuenta de que íbamos por buen camino: en ella, la casa provocaba los mismo sentimientos que queríamos expresar en nuestra película...
Frente a la casa había un campo. Recuerdo que por aquel entonces entre la casa y el camino que llevaba al pueblo vecino, había un campo de alforfón. Cuando florece resulta una imagen fantásticamente bella. Su color blanco, que semeja un campo nevado ha quedado grabado en mi memoria como un detalle característico, esencial, de mis recuerdos de niñez. Pero cuando, buscando un lugar para rodar llegamos allí, no pudimos descubrir alforfón: los campesinos llevaban mucho tiempo sembrando trébol y avena. Cuando les pedimos que volvieran a sembrar alforfón para nosotros, nos aseguraron con gran convicción que allí no podía crecer, y aquella tierra era totalmente inadecuada. Y cuando por nuestra cuenta y riesgo arrendamos aquel campo y sembramos alforfón, este floreció magníficamente, para gran sorpresa de los campesinos. Este éxito nos pareció un buen comienzo, una señal de que todo iba a ir bien. Y además mostró a las claras las cualidades específicas de nuestro recuerdo, su capacidad de penetrar a través de una capa que el tiempo había extendido. Y este era el tema de la película, esta era la idea que le daba consistencia.
No sé qué hubiera sido de la película si el campo de alforfón no hubiera florecido... Fue para mí tremendamente importante que floreciera...
Cuando comencé a trabajar en El espejo, me venía una y otra vez esta reflexión a la cabeza: una película de verdad, en la que uno se entrega en serio a su tarea (por no hablar de misión) no es un trabajo más, sino que es en cualquier caso un acto humano que condiciona tu destino. En esta película, por primera vez, me había decidido a hablar de forma inmediata y sin reserva alguna de lo que para mí es lo más importante, lo más querido, lo más íntimo.
Cuando los espectadores hubieron visto El espejo, resultó dificilísimo dejar claro que detrás de la película no había otra intención; una intención escondida, cifrada. Si explicaba que la película estaba marcada exclusivamente por el deseo de decir la verdad, despertaba a menudo desconfianza y decepción.
A algunos espectadores, esta explicación no les parecía realmente suficiente. Se dedicaban buscar símbolos ocultos, intenciones: el secreto. No estaban acostumbrados a la poesía fílmica, en imágenes, lo que a su vez me decepcionó mucho.
Estos eran los espectadores. Mis colegas, en cambio, se abalanzaron sobre mí, acusándome de insinceridad y sospechando que únicamente había querido hacer una película sobre mí mismo. Sólo una cosa nos salvó: la confianza de que aquel trabajo tenía que ser tan importante para el espectador como nosotros mismo. La película quería reconstruir la vida de personas a las que quiero infinitamente y a las que conozco muy bien. Yo quería hablar de los sufrimientos de una persona a la que le parece que nunca podrá pagar a las personas que ama por su cariño, por todo lo que le están dando. Que cree que no les quiere suficientemente, y que esto es para él realmente un pensamiento que le atormenta, que no puede soportar.
Cuando se empieza a hablar de cosas que son muy importantes para uno mismo cuesta soportar las reacciones adversas ante lo que se quiere decir, ante lo que se afirma. En cualquier caso, uno quiere proteger aquellos frente a la incomprensión. Nos preocupaba mucho cómo reaccionarían los espectadores frente a aquella película. Pero con una tozudez verdaderamente apasionada creíamos que la entenderían. Los acontecimientos posteriores confirmaron nuestras esperanzas. Las cartas de espectadores citas al comienzo del libro son muy elocuentes al respecto.
En El espejo yo no quería hablar de mí mismo, sino de los sentimientos que tengo frente a las personas que me son próximas, de mis relaciones con ellas, de mi perpetuo sentimiento hacia ellas, pero también de mi fracaso y del sentimiento de culpa que por ellas siento. Los acontecimientos que el protagonista recuerda -hasta su último detalle- en el momento de su más grave crisis, esos acontecimientos le hacen sufrir, despiertan en él nostalgia, inquietud.
Al leer una obra de teatro se puede entender su sentido. Ese sentido, en cada una de las puestas en escena, se puede interpretar de una manera diferente. La obra de teatro tiene, desde el principio, un perfil propio. Por el contrario de un guión no se desprende el perfil de la futura película. El guión muere con la película; y cuando una película extraiga sus diálogos de la literatura, el cine, en su esencia, no tiene una relación con la literatura. Una obra de teatro se convierte en literatura, porque las ideas son caracteres que expresan su esencia en diálogos. Y el diálogo es algo literario. En el cine, por el contrario, el diálogo es sólo uno de los elementos de la estructura material.
Todo aquél que en un guión pretende hacer literatura, más tarde, en el proceso de nacimiento de la película por principio y de forma muy consecuente, tiene que reelaborar su trabajo. La literatura ha de ser refundida hasta ser arte cinematográfico. Lo que significa que deja de ser literatura una vez que la película está hecha. Cuando ésta se ha rodado del todo, ya tan sólo queda lista para el montaje y a nadie se le ocurrirá decir que eso es literatura. Se parece más bien a la narración de lo que ha visto un ciego.


La configuración de la imagen cinematográfica.

La mayor dificultad en el trabajo con los decoradores y los cámaras es conseguir que, como todos los demás miembros del equipo sean verdaderos configuradores de la película: es muy importante que no sean meros receptores de órdenes, auxiliares indiferentes, sino configuradores con las mismas ideas, con los que compartimos sentimientos y reflexiones. Pero para conseguir que un cámara sea un “cómplice”, a veces hay que ser muy diplomático. Esto puede llevar hasta el extremo de que el director silencia su propia idea, su meta, para asegurarse de que el trabajo del cámara va a estar a la altura de su idea. A veces, incluso me vi obligado a guardar secreto sobre toda mi idea previa, para que el cámara se adentrar por el camino adecuado. Una historia muy aleccionadora me sucedió con el director de fotografía VadimYusov, con quien rodé todas mis películas, hasta Solaris.
Cuando Yusov leyó el guión de El espejo, se negó a colaborar en la película.
Argumentaba diciendo que la película tenia un carácter descaradamente autobiográfico, lo que le repugnaba por motivos éticos, y también le molestaba el tono abiertamente lírico de todo el relato y el deseo del director de hablar de sí mismo (esto lo decía también como recuerdo de las reacciones de mis compañeros ya mentadas. Por supuesto Yusov actuaba de forma noble y correcta. Realmente consideraba que mi postura no era lo suficientemente modesta. Pero cuando otro director de fotografía, Georgi Rerberg, hizo la película Vadim Yusov me confesó: “Lo siento, Andrei, ésta es tu mejor película...” Espero que también estas palabras fueran sinceras.
Dado que conocía a Vadim Yusov desde hacía mucho tiempo, quizá debiera haber sido más prudente: no debería haber dado a conocer toda mi idea; quizá debiera haberle dado el guión sólo por partes. Pero me resulta muy difícil actuar de forma distinta a mi modo de ser; no puedo ser diplomático con mis amigos.
En cualquier caso, en todas las películas que he podido hacer hasta ahora, he pensado que el director de fotografía es un coautor. Si trabajas en el cine, no basta con tener contactos estrechos con quienes colaboran contigo. La diplomacia de lo que acabo de hablar es realmente necesaria, pero -siendo sincero- he de decir que llegué a este convencimiento “post factum” y de modo meramente teórico. En la práctica nunca tuve secretos para mis colaboradores: nuestro equipo siempre fue un grupo inseparable, algo así coimo una banda de conspiradores decimonónicos. Pues mientras los colaboradores no estén fundidos orgánicamente unidos por medio de “un solo sistema”, no se podrá hacer una verdadera película.
Al rodar El espejo, nos esforzamos por permanecer siempre juntos y nos contábamos mutuamente qué e lo que conocíamos y amábamos, qué apreciábamos u odiábamos. Y juntos nos dedicábamos a dejar correr la fantasía respecto al futuro de nuestra película. Sin que importara para nada qué relevancia habría de tener la labor de cada miembro del equipo. Por ejemplo, el compositor Artemiev compuso muy pocas melodías para aquella película, pero contribuyó como todos los demás, pues sin él la película no sería la que es ahora.
Una vez preparados los decorados en el lugar en que había estado la vieja casa, todo el equipo de filmación, muy temprano, se dirigió hacia allí para esperar a que amaneciera: queríamos familiarizarnos con la especificidad de aquel pueblo, viviéndolo bajo un tiempo cambiante y a horas diferentes. Intentamos sentir lo que sentían aquellas personas que en tiempos vivían en aquella casa y que aquí, cuarenta años antes, habían pasado por muchos amaneceres y puestas de sol, lluvia y niebla. El ambiente de la casa, los recuerdos allí presentes se nos hicieron familiares: sentimos la unidad de modo tan fuerte que la finalizar cada día de trabajo, al salir de allí, nos hallábamos pesimistas y de mal humor; nos parecía que ahora era cuando teníamos que empezar a trabajar. Así de estrechas eran nuestras relaciones.
Esta relación entre los miembros del equipo resultó ser muy importante. En los momentos de crisis (que los hubo), en las discusiones con el director de fotografía, por ejemplo, yo perdía absolutamente los estribos. Todo se me iba de las manos y en ocasiones no pudimos trabajar durante días. Sólo después de encontrar el modo de entendernos y de haber reestablecido un equilibrio. Es decir, nuestra película salió adelante no por un plan de trabajo estricto y por una disciplina férrea, sino por un ambiente determinado dentro del equipo. Y además cumplimos con el plan de rodaje.
Se pueden mover montañas si se consigue que las personas que colaboran en realizar una idea, aún siendo muy distintas en cuanto a su carácter, temperamento y edad, pasen a formar algo así como una familia, animados por una pasión común. Y si en esa comunidad surge un ambiente genuinamente creativo, entonces pierde importancia la cuestión de quién tuvo una idea concreta, a quién se le ocurrió aquel plano genial o aquel magnífico efecto de luz, o a quién le vino la idea de filmar un objeto desde un ángulo especialmente apto. Por eso no se puede hablar de un papel predominante del director de fotografía, del director o del decorador. La escena es algo orgánico y desaparece toda ambición y egoísmo.
En lo referente a El espejo, cada cual podrá imaginarse cuánto tacto tuvo que desarrollar todo el equipo para aceptar como algo propio un concepto ajeno y además muy íntimo. Y un concepto que sólo podía transmitir a mis colegas con gran dificultad, con mayor dificultad aún que al espectador. Pues el espectador, hasta el día del estreno no es sino algo muy lejano, abstracto.
Para que, quienes forman el equipo, se abran a tu idea, hay que superar ciertas barreras así, una vez terminado El espejo, ya no se podía considerar como la historia de mi familia, pues de esa historia había participado todo un grupo de personas muy distintas: mi familia había crecido.
Bajo condiciones de una colegialidad realmente creativa, los problemas meramente técnicos pasan a un segundo plano. Para esta película el director de fotografía y el decorador hicieron no sólo lo que ya sabían hacer o lo que se les exigía, sino que intentaron una y otra vez superar sus posibilidades profesionales. Hicieron no sólo lo normal sino también lo que en cada caso les pareció necesario; y esto era mucho más que un trabajo artesanal en que el director de fotografía recoge sin más las propuestas del director que desde el punto de vista técnico le son bien conocidas. Sólo en estas condiciones se puede conseguir veracidad y sinceridad. El espectador no debe dudar que las paredes de los decorados están llenas de espíritu humano.
Uno de los problemas más serios de la representación en el cine es el de los colores. En primer lugar es absolutamente imprescindible reflexionar sobre la paradoja de que el color dificulta considerablemente la reproducción fiel de sentimientos verdaderos. El color en el cine es ante todo una exigencia comercial, no una categoría estética. Y por eso progresivamente van apareciendo de nuevo películas en blanco y negro.
El fijar colores de una calidad determinada es un problema fisiológico y psicológico, y el hombre normalmente no se fija mucho en ello. El carácter pictórico de una toma, que a menudo es sólo consecuencia mecánica de la calidad de la copia, recarga la representación con una convencionalidad adicional, que hay que superar si se quiere conseguir una adecuación a la vida.
Hay que esforzarse por neutralizar el color y evitar un efecto activo del color sobre el espectador. Si el color como tal pasa a ser el aspecto dominante de la toma, entonces el director y el director de fotografía están tomando prestados de la pintura métodos eficaces para influir sobre el público. La recepción por parte del espectador de una película corriente, profesionalmente digna, se parece mucho a la recepción de una revista “profusamente ilustrada”. Se está planteando el interrogante de las posibilidades expresivas de una fotografía en color.
Quizás se debería neutralizar el efecto activo del color por medio de una combinación de color con escenas monocromáticas, para reducir así el efecto de todo el espectro cromático. Si la cámara, como se dice, fija la vida real en el celuloide ¿por qué, casi siempre, le parece a uno que la película en colores es algo falso, escasamente sincero? La explicación me parece que se halla en el hecho de que en el caso de una reproducción mecánicamente exacta de los colores está ausente la posición del artista, que éste ha perdido su papel configurador y, por ello, tiene que prescindir de la posibilidad de elegir. La gama de colores tiene su propia lógica y el director ha perdido la batuta si la ha dejado en manos del proceso técnico. Es prácticamente imposible obtener una selección consciente que acentúe los elementos cromáticos del mundo real. Y por muy extraño que nos parezca, aunque el mundo que nos rodea tiene color, la película en blanco y negro reproduce su imagen con mayor cercanía a la verdad psicológica, naturalista y poética, correspondiendo, por lo tanto, mejor a la naturaleza de un arte que se basas en las características de la visión.
En el fondo, una película en color es el resultado de un debate que incluye la tecnología de la película en color y el color en general.